miércoles, 14 de octubre de 2015

Visita a Rodas

Hoy ha sido un día dedicado a la visita de la ciudad de Rodas. A primerísima hora de la mañana hemos ido dando un paseo hasta la ciudad antigua, la ciudad medieval rodeada por la murada levantada hace siglos por los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalen.


Hemos entrado por la puerta de levante, paseando por el amplio foso que existe entre la muralla exterior y la ciudad propiamente dicha. Es un foso que, hoy en día, forma un gran arco, cuya parte principal está amurallada por el exterior y va desde el SE hasta el SW, concluyendo en la Torre de España.


En este espacio existe un pequeño teatro al aire libre que se utiliza para actos culturales. En el momento en que nosotros andábamos por ahí, en el escenario de dicho teatro se encontraba un grupo de niños pequeños ensayando una función escolar. Esta experiencia en este monumental entorno - que para ellos posiblemente sea algo "natural", ya que viven en esta ciudad - seguro que les marcará positivamente para el resto de su vida. Estas colosales murallas no son solo parte de su ciudad, sino que ya han pasado a ser, como "telón de fondo", parte de sus vivencias mas tempranas.


Por un pequeña puerta cercana a ese teatro, que conecta el foso con el interior de la ciudad, entramos en ésta. En esta zona Sur las callejuelas son estrechas, con casas que no siempre estan en buen estado de conservación.


En esta ciudad hay mucho trabajo de restauración pendiente, pero como ya he dicho anteriormente, este país tiene un patrimonio histórico tan grande, que es muy costosa su conservación. A través de estas callejuelas nos hemos dirigido hacia el Palacio del Gran Maestre. En él se celebran durante estos meses dos interesantes exposiciones sobre la historia de esta isla.


Al llegar temprano a este palacio, no había todavía una gran afluencia de turistas en él. Hoy, como cada día en esta estación del año, hay atracados en el puerto un par de grandes cruceros, muchos de cuyos cruceristas vendrán a visitar, sin duda, este importante monumento. Este es un palacio solidamente construido, como correspondía tanto a la época como a las funciones a las que estaba destinado. Dispone de numerosos y grandes espacios, tanto en el exterior - con un gran patio de armas -, como en las distintas estancias que lo componen.


Todo el palacio es una muestra del poder, de la fuerza de la orden militar que tenía aqui su centro.Es una auténtica fortaleza que transmitía ese poder, ese gran poder, a todos aquellos que entraban en contacto con ella, fueran amigos o enemigos. La misma escalinata de entrada produce ese imponente impacto sobre el visitante.

Esta orden luchó durante siglos en defensa de la cristiandad, y sus palacios, castillos y fortificaciones estaban construidos de forma que les permitieran defender sus territorios contra fuerzas numericamente superiores a las suyas. Y asi fue, realmente.


La actual Orden de Malta, como heredera de la Orden de San Juan de Jerusalen, tiene una de sus sedes en este Palacio del Gran Maestre.


Las exposiciones que actualmente se celebran son interesantes, aunque en una de ellas se tergiversa la historia de nuestra Corona de Aragón, de sus reinos y los territorios ajenos a los que representaban los caballeros de esta lengua en dicha Orden. Alguna "mano negra" es responsable de la falsedad histórica que ahí se presenta como cierta. Lo grave es que ningun historiador bien formado la haya corregido.

En torno a este palacio estaban las posadas - o cuarteles - de las ocho Lenguas en que se organizaba la orden. Las dos lenguas españolas, la de la Corona de Aragón y la de la Corona de Castilla, compartían el mismo cuartel, siendo el suyo el mas grande de todos los cuarteles. Este edificio de las Lenguas españolas está actualmente restaurándose.

La distribución de la defensa de la ciudad entre Lenguas queda muy clara en el gráfico sobre la posición de cada una de ellas en la batalla que, en 1522, enfrentó a los cerca de 2.000 hombres de esta Orden con los 100.000 hombres del turco Suleiman I, finalmente vencedor.


Los cuarteles de todas estas ocho Lenguas estan en una misma calle, Ippoton, y alguno de ellos, como el italiano, es el actual consulado de su pais.


Esta vía Ippoton baja desde el palacio hasta una iglesia, la de Nuestra Señora del Castillo, en dirección Este. Esta antigua catedral bizantina, y despues católica en tiempos de las Cruzadas, está situada en una ancha calle próxima a la importante Puerta de Arnauld, con salida al gran puerto, que era defendido en su día por la Lengua de Castilla. Estamos en la parte mas noble de la ciudad medieval, en su ala Norte. De Ippoton salen hacia el Sur otras vías mas estrechas, auténticos callejones. En toda esta ciudad medieval existen edificios de gran belleza, y muchos rincones con verdadero encanto.


Una vez llegados a la parte norte de esta ciudad antigua, hemos salido a comer en una taberna fuera de los muros. Como hace bastante calor, hemos escogido una terraza cercana, situada en un pequeño parque con árboles muy frondosos que dan mucha sombra. Esta situada frente al puerto viejo, en la zona reservada a los megayates. La comida ha sido a base de platos griegos de carne, con raciones bastante copiosas. Después del café, Jaime y Fernando se han ido a descansar a la marina, y yo he preferido "bajar la comida" andando por la ciudad nueva.


En primer lugar he ido a Mandraki, el puerto frente al que está el centro administrativo de la ciudad. Es una zona con espacios abiertos, y antiguos edificios bien mantenidos. No muy lejos de este puerto y de la zona turística de la ciudad, está el casino de juego de Rodas.


De ahí he pasado a la parte mas nueva de la ciudad, que es muy semejante a muchas otras ciudades mediterráneas. En ella los edificios tienen, en general, pocas alturas, y sus calles tiene la anchura suficiente para que circule un vehículo, ademas de los ahí aparcados. En sus dos aceras, a cada lado de la calzada, hay arboles, que aportan bastante sombra sobre todo a mediodía. Al Oeste de esta ciudad se encuentran las playas, las largas playas que hoy han estado abarrotadas de turistas. Y en esa zona también se encuentran también los grandes hoteles. Es una zona muy turística.


Aunque ya me habían advertido de que no merecía la pena visitar la Acrópolis de Rodas, he querido subir hasta ella para ver que queda de sus antiguos templos. Los treinta minutos que dicen que se tarda andando desde el puerto hasta arriba, se han convertido en una hora larga, pues no he ido directamente hasta ella. En una cafetería en la que he preguntado a su encargado, un griego de mediana edad, por el camino de subida, él antes de responderme me ha preguntado por mi origen. Seguro por el hecho de no haberme dirigido a él en griego, a pesar de mi saludo inicial - el kalispera griego - y color de mi pelo y piel. Al decirle que era español, me ha dado su respuesta en un mas que aceptable castellano: según me ha dicho había trabajado en la hostelería en la Costa del Sol. Y no solo me ha explicado el recorido, sino que también me ha dado un plano turístico, en el que ha marcado el camino hasta la Acrópolis. La gente es muy amable en este pais.


Las excavaciones de este recinto arqueológico fueron iniciadas por la escuela italiana, durante su dominio territorial, en la primera mitad del S.XX. A pie de la Acrópolis existe un pequeño teatro, ya restaurado, y un estadio también en muy buen estado de conservación. De los templos de la Acrópolis, sin embargo, apenas se conservan unas columnas del templo de Apolo. Y algunos restos del templo de Atenea.


Parece ser que los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén emplearon - al igual que hicieron en Kos, y supongo que en muchos otros lugares de sus dominios - gran parte de las piedras de los antiguos templos de la Acrópolis para la construcción de las murallas y edificios de la ciudad de Rodas.

De allí bajé andando hasta el puerto, completando asi el periplo por esta ciudad. En la marina, a babor nuestro, han amarrado hoy dos veleros cuyos navegantes son israelitas. Ambos barcos navegan en conserva. En uno de ellos van solo hombres, sobre todo jóvenes de unos treinta años, y en el otro mujeres, alguna de las cuales es pareja de alguno de los jóvenes del otro barco. Los patrones de ambos veleros eran personas de bastante mas edad que los restantes tripulantes. Con éstos no hemos hablado, pero sí con uno de aquellos patrones. Como es habitual, la conversación se ha limitado a temas de la mar, sin entrar en indiscretas preguntas sobre la forma de distribución de tripulantes entre ambos barcos.

Por la noche hemos decidido cenar algo ligero a bordo, ya que la comida había sido un poco pesada. Asi que nos hemos quedamos en el barco, terminando la velada charlando tranquilamente.




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