Esta noche ha sido también una noche tranquila. Después de desayunar hemos levado ancla con destino a Panormitis, una ensenada de esta misma isla en la que existe un importante monasterio ortodoxo. La singladura de hoy ha sido corta, y con la mar absolutamente en calma. A las diez y cuarto ya habíamos fondeado, y escuchando poco después, antes de las diez y media, las campanas de la torre del monasterio. Estas campanas tocan cada 15 minutos, dando la hora y sus cuartos, aunque ese reloj lleva un curioso adelanto de 5 minutos respecto a la hora oficial de Atenas.
De nuevo estamos en una de las ensenadas mas visitadas por los navegantes, recalando en ella muchos veleros y motoras, asi como ferries llenos de turistas que visitan el monasterio. Este no solo constituye un lugar de culto, sino que alberga también un interesante edificio arquitectónico y un museo.
Después de fondear nos hemos refrescado con un buen baño en estas aguas tan azules. A continuación hemos botado la zodiac para ir a la orilla mas cercana. Allí la hemos amarrado en un pequeño embarcadero, en el que también estaba la barca de un pescador, el cual descansaba a bordo a la sombra del toldo.
En lo alto de la colina existe un molino, ya inoperativo, al que hemos subido. Junto a él que hay restos de fortificaciones militares, de pequeños bunkers para las baterías de costa. Desde esa posición elevada se controla muy bien la entrada a la ensenada.
A continuación hemos bajado a la orilla, caminando por el paseo que va hasta el monasterio, siempre bordeando el mar. Hay un momento en que hay una verja que corta el camino, ya que cierra el perímetro del monasterio. Sin embargo, es una verja fácil de abrir. Este monasterio, de estilo barroco, fue construido en 1740 estando bajo la advocación de san Miguel. En ese conjunto arquitectónico no solo existen edificios religiosos, como la iglesia, sino también residencias pertenecientes a la obra social de la igesia ortodoxa griega. El día de san Miguel, a primeros de Noviembre según el calendario gregoriano, este santuario está muy concurrido ya que a él acuden numerosos fieles de toda Grecia. Hemos estado paseando por el recinto, entrando también en la iglesia. Como todas las iglesias ortodoxas, ésta está recargada con iconos y otros objetos de culto. A mi me sigue sorprendiendo, que el arte religioso de las iglesias ortodoxas se reduzca a obras en el plano, bidimensionales - o sea, pinturas e iconos -, sin presencia de la imaginería de gran riqueza, que encontramos en nuestros templos católicos.
Como hace mucho calor, Fernando nos ha invitado a un refresco en una de las terrazas con mucha sombra que hay junto al mar. Allí hemos descansado un rato, contemplando esta bonita ensenada. No hay muchos coches circulando por la explanada frente al mar, pero hemos visto uno, conducido por un pope, que portaba la matrícula exclusiva de la iglesia ortodoxa griega: una M seguida del aguila bicéfala y una Sigma en mayúscula.
Al regresar al embarcadero en el que habiamos dejado la zodiac, hemos hablado con el pescador que seguía descansando en su barca. Él había visto la bandera de nuestro barco, y nos preguntó, chapurreando inglés, que de donde éramos. Al decirle que de Mallorca y Madrid, nos ha dicho que él había trabajado un tiempo en Mallorca. No es el primer pescador, o marinero, que nos dice haber estado trabajando en España. Le hemos preguntado si tenía pescado a la venta, pero hoy ya se le había acabado. El sale a pescar cada madrugada para regresar temprano a Panormitis con la pesca del día. Por eso hemos quedado mañana temprano a la hora que nos ha asegurado que estará de regreso: a las 8 h, en las escaleras del embarcadero del monasterio.
Tras la comida, en la hora de descanso, yo he estado escuchando música clásica, como casi todos los días. Algo mas tarde las maniobras de un velero británico de 50 pies, que no encontraba lugar para fondear, nos han entretenido mucho: el patrón no estaba satisfecho con ninguno de los diversos sitios que iba encontrando entre barco y barco. Al final ha fondeado por nuestra aleta de estribor, cerca ya de la orilla.
A eso de las 19 h hemos regresado a tierra, esta vez directamente al muelle que esta junto al embarcadero del monasterio. Tras amarrar el bote hemos dado una vuelta hasta el extremo sur del paseo. Después nos hemos dirigido a la taberna que existe en un edificio cercano al monasterio. El local pertenece a los popes, pero esta arrendado a una pareja de taberneros, que gestionan el negocio.
La cena, a una hora casi centroeuropea, ha consistido en saganaki (queso frito), veal stifado (estofado de ternera), kleftiko (cordero asado) y souvlaki (brocheta) de cerdo; y de postre, yogur griego. En esta taberna se come francamente bien, con todos los platos muy bien cocinados.
Al ir a subir a la zodiac para regresar, a Fernando se le han caido, en las rocas de la misma orilla, las gafas de sol al agua. Con la oscuridad de la noche, sin Luna, ha sido imposible encontrarlas, por lo que las ha tenido que dejar, al menos hasta mañana temprano.






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