viernes, 9 de octubre de 2015

Singladura num. 25 Recalamos en Turquia

El calor de la noche me ha despertado a las 05.15h, por lo que he subido a la bañera para poder descansar una hora mas. Después, justo al amanecer, he cogido mi cámara Nikon - marca de mis cámaras desde mi juventud, a finales de los años 60 - y me fui a dar una vuelta por esta población. Como ayer no subí hasta el castillo, hoy he ido directamente a él.


En realidad, del castillo original solamente queda una torre, a la que se puede subir, y donde ondea la bandera griega. Las vistas que se tienen desde él, son una maravilla.


Desde esa atalaya se ve no solo la ensenada principal - Limin Kastellorizon - y la de Mandraki, sino también Strongili, la tercera isla de este archipiélago griego, además de otros pequeños islotes turcos y la costa continental al fondo.


Tras patearme esta pequeña ciudad, he regresado al barco pasando antes por la panadería del lugar, para comprar dos panes. Estos panes griegos, que duran tanto tiempo, tienen en general una miga amarillenta, posiblemente porque empleen harina de maiz en su elaboración. Hoy es el día en que arriba el ferry, un gran ferry procedente de Rodas. Por eso desde primera hora se ve movimiento de turistas, con sus maletas, dirigiéndose al muelle.


Después de desayunar nos hemos preparado para zarpar. Fernando había visto un camión cisterna en uno de los muelles del puerto, pero éste se ha marchado antes de poder hablar con su conductor. Necesitamos gasoil, y si no llenamos el depósito aqui, habrá que hacerlo en una marina de Turquía. Y sin tener hecho el despacho de entrada ésto puede complicarse un poco. A las 10.00 h ponemos el motor en marcha, y unos minutos después largamos amarras y levamos ancla. En ese momento hemos visto dos grandes tortugas marinas nadando por el interior del puerto. Sin embargo, al no estar transparente el agua, enseguida han desaparecido de la vista.

Tras salir de la ensenada hemos doblado la punta que la separa de Mandraki, viendo en ésta una estación de servicio, a pesar de no estar indicada en el derrotero. Al aproximarnos hemos visto que había poco calado, por lo que hay que tener mucho cuidado en el atraque. Después ha saltado Fernando para hablar con el gasolinero y organizar el suministro de carburante.



El nuestro ha debido ser el primer velero, grande, que ha atracado en ese muelle, pues el gasolinero ha hecho una foto del barco. Puede que hasta ahora solo hayan amarrado motoras, que tienen menos calado que los veleros. Al intentar acercarnos la manguera del surtidor este joven se ha encontrado con que no era suficientemente larga, al igual que la del camión. Como no ha conseguido poder acercar la boca de la manguera a nuestro barco ha tenido que improvisar una solución, un poco tosca, pero que le ha posibilitado el suministrarnos gasoil, aunque le haya exigido estar sujetando a la vez las dos mangueras. Magnífica la inventiva de este hombre.


Todo ello ha llevado bastante mas tiempo de lo habitual para llenar el depósito. Al final el gasolinero estaba bastante nervioso, queríendo acabar lo mas rapidamente posible. La razón era que en esos momentos entraba el ferry en la ensenada de Kastellorizon y él esta encargado de ayudar en tierra a la maniobra de atraque. El tiempo se le echaba encima, viendo que no llegaba a tiempo al muelle, algo que no podía permitirse. Sin que nosotros hubieramos desatracado, se ha puesto la camiseta con el nombre y logo del ferry y ha salido rapidamente en su pequeña moto hacia el puerto.

A las 11.00 h hemos soltado amarras, y maniobrando con mucho cuidado debido a las rocas del fondo, hemos salido de ese muelle, para navegar por la costa este de la isla. En el Mediterráneo muchas islas tienen su "Gruta Azul", y Kastellorizon es una de ellas. En el puerto se anuncia esta gruta como atractivo turístico, y hay una embarcación que lleva a los turistas a visitarla. Anoche preguntamos al tabernero por la localización de esta gruta, pero no nos dió muchas pistas. Solamente nos dijo que la entrada es muy, muy dificil de encontrar si no se sabe donde está. Por ello, hemos ido costeando relativamente cerca del acantilado, sin tener la certeza de haberla localizado. En cualquier caso, no pensábamos botar la zodiac para entrar en la gruta, pues esto nos hubiera exigido mucho tiempo. Es posible que su entrada sea una en la que estaba un bote, y cuya situación observada es So (36º 08´,1 N, 029º 35´,6 E).


Después de doblar Ak Zefirion, el cabo SW de la isla, arrumbamos la isla vecina, Nisos Ro, para seguir a continuación rumbo a Yelikoy Limani. El regreso de Kastellorizon a Rodas lo vamos a hacer en varias singladuras cortas, en lugar de una larga, como la de ayer desde Lindos. Esto supone que entraremos necesariamente en aguas turcas.



Al no haber hecho el despacho de entrada en ese país, tendremos que buscar calas para fondear y pasar la noche. La primera cala en la que entramos - fondeando a las 13.55 h - ha sido Yelikoy Limani. Ahí hemos comido sin prisa alguna, y descansando después una hora. Esta es una tranquila cala a la que acuden goletas turcas llenas de turistas, para que éstos se bañen, y coman después a bordo. Son goletas que a media tarde suelen regresar a su punto de partida.


Lo primero que resalta en esta costa turca es su frondosidad, totalmente opuesta a la aridez de las islas griegas situadas solo a unas pocas millas de distancia. A mi me parece - pero esto solo es una mera hipótesis de trabajo - que los griegos han devastado, a lo largo de los siglos, sus pinares para la construcción de esas goletas encargadas por venecianos y otomanos. En todas las islas se menciona los halagos que sus habitantes recibieron, en aquellos siglos, por la calidad de los barcos que construyeron. En cambio, los otomanos parecen haber preservado sus pinares, que se mantienen en muy buen estado.

Dos horas después, a las 15.50 h, levamos ancla con rumbo a una cala en Yedi Burunlar, los "Siete Cabos". En esa costa, entre Yelikoy Limani y el primero de esos cabos, existe una larguísima playa de dunas, situada a ambos lados de la desembocadura de un rio. En una colina al Sur de dicha desembocadura estaba la importante ciudad licia de Patara, cuyas ruinas estan hoy en día parcialmente enterradas por la arena.


Esta playa con dunas se extiende a lo largo de varios kilómetros. Es una playa de arena blanca, semejante a otra playa que existe millas mas al NW, y en la que desovan las tortugas marinas. Esta es la razón por la que se ven tantas tortugas marinas por estas aguas.


A las 19.00 h entrábamos en la cala de destino, en medio de esa zona de cabos denominada Yedi Burunlar, Su situación exacta es So( 36º 22´,5 N, 029º 07´,1 E). Allí hemos dedicado bastante tiempo a ver un buen lugar en el que tirar el ancla. Esta cala es muy profunda - por lo que sus aguas son muy oscuras -, en la que el fondo sube hasta los 14 ó 15 m solo a pocos metros del acantilado. A esa hora teníamos una brisa fuerza 2, el cual entraba por el SW, justo la dirección en la que se abre la cala. Por ello, este fondeadero no nos daba suficiente seguridad como para pasar la noche en él. A las 19.30 h decidíamos salir en busca de otra cala mas segura, una que estaba a unas 10 millas al NW.


Ya no quedaban muchas horas de luz solar, por lo que hemos tenido que meter mas motor, y asi poder recorrer con luz de día la distancia que teníamos por delante. El sol se acercaba a su ocaso, a las 20.15 h, por lo que solo teníamos 45 minutos de luz. Ya en pleno crepúsculo hemos pasado frente al llamado Butterfly Valley por la inmensa cantidad de mariposas que ahí se encuentran. Cuando hemos ido a encender las luces de navegación hemos comprobado que ni la luz roja de babor ni la verde de estribor, ambas a proa, se habían encendido. No nos ha quedado mas remedio que encender la luz del palo, para que otros barcos al menos pudieran vernos.

A las 21.00 h, y en plena oscuridad, hemos fondeado en Ödö Deniz, una cala que el derrotero considera idílica. Fernando se ha echado al agua con un largo cabo, el cual ha hecho firme en una roca de la orilla. Ya con una linea a tierra el fondeo queda bien asegurado. Después hemos cenado tranquilamente, terminando asi este largo día.


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