Cerca ya de Ak Lindos existe un farallón - el Paximádha - cuyo perfil de lejos, y navegando con rumbo NE, asemeja al de un mercante. A las 12.00 h doblamos ese cabo. La vista del castillo de Lindos impresiona desde esa posición, al igual que los acantilados de su costa con sus múltiples cuevas. Pensamos en fondear en Agios Apostolis, una pequeña cala que hay al pie del castillo, justo antes de la ensenada ante la ciudad, pero la cala estaba bastante llena.
Continuamos navegando, y a las 12.30 h fondeamos en esa ensenada frente al pequeño puerto de Lindos. En ese momento había otros siete barcos, la mayoría veleros, fondeados en este lugar. En un fondo de 8 m, de arena y rocas, largamos 45 m de cadena. Hemos hecho un intento de tirar una linea a tierra, pero no nos ha convencido como quedaba el barco, y al final hemos prescindido de ella.
Lindos es un lugar idílico, aunque hoy en día bastante saturado de turistas. Hemos visto como llegan numerosos autobuses a esta ciudad, autobuses que sin duda deben proceder de la capital de la isla, Rodas. La playa está preparada para esa afuencia de turistas, con sombrillas blancas que cubren absolutamente todos los huecos que pudiera haber en ella.
Dado el calor que hace en las horas centrales del día, hemos decidido posponer la subida al castillo hasta media tarde, cuando el sol haya bajado suficientemente. Tras darnos un largo baño en estas trasparentes aguas, hemos comido. Después, un largo descanso a la espera de la bajada del sol.
Desde el mismo fondeadero se ve la grua que se esta empleando en las obras de restauración de este emplazamiento histórico. Fue a principios del S. XX cuando la Misión Arqueológica Danesa inició las excavaciones de este lugar, excavaciones que continuaron bajo la dominación italiana. Pero ha sido en los últimos 40 años cuando mas se ha adelantado en estas obras.
A las 18.15 h hemos botado la zodiac, y zarpado en ella hacia el puerto de ferries y pescadores, donde la hemos amarrado. A continuación hemos empezado la subida al castillo medieval de los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalen, asi como a la acrópolis que allí se encuentra.
Al llegar a la taquilla de la entrada nos han advertido que el recinto se cerraba a las 19.40 h, es decir unos 45 minutos después. Nosotros hemos considerado ese tiempo mas que suficiente para la visita. En la explanada, que hay nada mas pasar la taquilla y los tornos de entrada, existe una preciosa escultura de una trirreme tallada en la piedra por Pitocritos, el autor de la Victoria de Samotracia.
Después de subir la escalera que da acceso al castillo y a este gran recinto arqueológico, nos encontramos con una gran escalinata helenística que sube hasta el área principal de la acrópolis.
En ésta existen restos de dos templos, uno dórico dedicado a Atenea y otro de origen romano. Lindos fue una rica ciudad comercial por su ubicación geográfica, en las rutas marítimas de griegos, romanos y fenicios. Por ello, su acrópolis tenía una gran extensión, con grandes templos. Lindos fue una de las ciudades dóricas que participó en la Guerra de Troya.
La presencia de un castillo medieval en este emplazamiento, junto a una acrópolis de origen helénico clásico, produce una mezcla de estilos arquitectónicos que a mi me gusta mucho, y me parece muy interesante.
En el castillo hay estancias que todavía precisan mucho trabajo de restauración, pero existen rincones con mucho encanto.
Por lo demas, las vistas desde la acrópolis son espectaculares. Tanto las vistas de la costa, como de las de la propia ciudad. En la costa se ve no solo la ensenada frente a la ciudad, sino también otras bahías mucho mas lejanas.
Las callejuelas de Lindos son muy estrechas, como las de toda pequeña ciudad medieval. Tanto las calles como las casas están perfectamente encaladas, lo que resulta muy, muy agradable a la vista. Es verdad que es una población con una gran densidad de edificación, pero tiene un sabor muy especial.
Esa densidad de edificación impide la existencia de terrazas de tabernas a nivel de calle, pues no hay espacio suficiente para mesas. Por ello, las tabernas han instalado sus terrazas en los tejados de los edificios. Allí, ademas, corre la brisa, haciendo mas agradable la estancia en ellas. A nivel de calle al ser tan estrechas la callejuelas éstas se mantienen en sombra casi todo el día, pero por ellas no corre brisa alguna.
Después de visitar el castillo y la acrópolis, regresamos a la parte baja de la ciudad. Mientras las tiendas de suvenirs estaban llenas de gente, mirando y comprando sus recuerdos, el cajero ATM que allí había estaba "fuera de servicio". No es una buen época para este pais.
Allí entramos en una taberna -el "Restaurante Hermes" -, donde el capitán nos invitó a cenar con motivo de su onomástica. En esta taberna, como ya nos había sucedido en otras ocasiones, el tabernero conocía Mallorca, en cuya hostelería trabajan unos familiares suyos. A los platos griegos que nos gusta tomar - desde meat-balls hasta souvlaki, pasando por un saganaki - se añadió un estupendo steak y un buen vino tinto elaborado en esta isla. Por cierto, el saganaki lo preparan en esta taberna en pequeñas y deliciosas bolas. Esta es una buena taberna.
A las 22.30 h embarcabamos en la zodiac para regresar a bordo. Mañana tenemos una larga singladura por delante, asi que nos hemos retirado enseguida a descansar.















No hay comentarios:
Publicar un comentario