Como Jaime tenía esta mañana unos asuntos que resolver, yo he vuelto a la ciudad medieval, para patearmela de nuevo. La mejor manera de conocer una ciudad de tipo medio es andar por sus calles y rincones. Hemos quedado a la hora de comer en el puerto en un lugar facilmente localizable por ambos, donde ya estuvimos ayer.
Esta ciudad como toda ciudad antigua tiene innumerables motivos para ser fotografiados. La capacidad de encontrar un nuevo enfoque, una nueva perspectiva, de un modelo/estimulo solamente se agota en el propio fotógrafo. Es decir, es el fotógrafo el que agota su forma de percibir, perdiendo la capacidad de ver nuevos ángulos del modelo/estímulo al que se enfrenta. Nunca es éste el que "ha dado todo de sí mismo". Este hecho es el que posibilita que otros fotógrafos capten, de ese mismo modelo/estímulo, nuevas e interesantes perspectivas. Un elemento arquitectónico, decorativo, del que he encontrado en Rodas muchos nuevos diseños - distintos a los encontrados en muchísimos otros lugares durante años - es el de las aldabas, y los pomos, en puertas y portones. Y por supuesto, también ha sido el caso de escudos nobiliarios en las antiguas fachadas de esta ciudad, signo de identidad de sus nobles moradores.
Dentro de esta ciudad medieval existen muchos rincones cuyo "sabor" varía según la hora del día, en función de la afluencia de turistas. En su zona norte, la mas monumental, donde las calles son mas anchas, sí hay mucha oferta comercial al ser una zona de paso de miles de personas a diario.
Hay otras calles mas retiradas con menor o nula actividad, dada su escasa exposición al turismo. Allí existen rincones que nos evocan como era la vida en ellas hace siglos. Lo que uno no sabe es si esa ausencia actual de actividad, en estas callejuelas, es algo solamente transitorio, o no.
Posiblemente en unos años, en esas zonas ahora tranquilas se instalen negocios - de pequeños artesanos, comerciantes, profesionales liberales, etc. - que, respetando la ideosincracia arquitectónica de las edificiaciones, complementen la oferta empresarial actual. Una ciudad ha de estar viva, aunque la nostalgia romántica - herencia del espíritu de finales del S. XIX - genere el rechazo de este enfoque. Durante muchos siglos las calles de la Rodas medieval fueron muy bulliciosas, llenas de actividad de todo tipo, y esta ciudad merece recobrar su esencia urbana.
Al encontrarnos de nuevo a mediodía, nos hemos ido a comer a una terraza cerca del centro administrativo de la ciudad, justo en una zona de soportales. Toda esta zona fue construida - reconstruida, mas bien - por los italianos, en el periodo entre ambas guerras mundiales del pasado siglo, en estilo art decó. Es una zona agradable para pasear, y en la cual tambien existen comercios de grandes marcas internacionales.
Después de tomar café hemos regresado a la marina a la espera de que llegasen del aeropuerto los dos nuevos tripulantes, Jaime II - denominación que le doy para diferenciarle del armador y capitan del Roc Blanc - y su mujer, Montserrat. Ellos han llegado ya avanzada la tarde, a las 19.30 h, y tras estibar sus pertrechos personales, hemos ido los cuatro a la ciudad dando un paseo. Ya estaba ya anocheciendo, por lo que ha sido una visita nocturna a la Rodas amurallada.
En el camino de ida habíamos visto antes de llegar al puerto, y frente a un varadero, una taberna algo aislada del "circuito turístico", con pinta de tener una clientela muy local. De regreso al barco, después de la visita a la ciudad, hemos localizado esa taberna, y en ella cenado. Toda la cena ha sido a base de tapas griegas, muy bien cocinadas. Un nuevo acierto el de escoger una taberna, que aun siendo escasamente glamurosa, tiene una excelente cocina local.






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