jueves, 8 de octubre de 2015

Singladura num. 24 Arribamos a los confines de Grecia

Anoche acordamos que el primero que se despertara pusiera el motor en marcha, para levar a continuación el ancla. De repente me he despertado al oir el arranque del motor, y he subido inmediatamente a cubierta. Eran las 06.15 h y Jaime empezaba a levar el ancla. Justo en el momento en el que yo aparecía por el tambucho, el molinete del ancla se paraba, dejando de subir cadena. Ayer la escasa brisa que hubo por la tarde, junto con las olas creadas por una lancha fueraborda arrastrando turistas haciendo esquí acuático, o remolcando a jovenes en grandes flotadores circulares, hicieron que el barco borneara lentamente. De esta forma, la cadena se fue enganchando en las rocas del fondo. A esa hora de la mañana - las 06.15 h -, con las primeras luces del día el fondo se veía solo medianamente bien. El agua era transparente, pero con esa escasa luz del día no se veían muy bien la cadena y las rocas. Mediante suaves maniobras avante-atrás, y con lentos virajes del barco a babor y estribor, hemos conseguido librar la cadena sin necesitar de saltar al agua, y tener que bajar a 8 m de profundidad. Han sido en total veinte minutos de maniobras, y a las 06.35 h zarpábamos del fondeadero de Lindos. Hoy nuestro destino era Kastellorizon, la isla mas oriental de Grecia, situada a mas de 70 millas de distancia de Lindos, muy cerca de la costa turca.

El rumbo seguido ha sido practicamente 090º. En esos momentos no teníamos ni viento ni mar alguna. Una vez fuera de la ensenada, Jaime y yo hemos desayunado tranquilamente, mientras Fernando continuaba descansando en su litera. A las 07.30 h parecía que el viento empezaba a subir, pero finalmente no ha pasado de fuerza 2. Por ello, hemos seguido navegando a motor.

Hora y media después, teníamos ya 29º C de temperatura, continuando sin viento, aunque con algo de mar de fondo por la aleta. Esa marejadilla tenía como origen el canal al Norte de Rodas, y ha hecho la navegada un poco incómoda. En el día de hoy hemos pasado por la zona de mayor profundidad, probablemente, del Mediterráneo: una fosa de mas de 4,5 km de profundidad, localizada al Este de la isla de Rodas.

Yo disfruto mucho de estas singladuras largas, lejos de la costa, pues dan tiempo no solo para atender al barco, y a las tareas que éste exige, sino también para charlar con los demas tripulantes, leer, escuchar música, descansar, contemplar la mar y pensar en lo sagrado y en lo profano. Hay tiempo para todo. En esas situaciones es maravilloso ver como afloran los recuerdos e ideas. Uno rememora a los amigos con los que la mar me une, ya sean aquellos que viven en lugares de costa o aquellos con los que se han compartido lances de mar. En esos momento de quietud, también se recuerdan historias, lances y anécdotas de otros navegantes, unos los ya muy conocidos en nuestro mundo náutico, y otros poco o nada conocidos en su vertiente marinera. Este es, por ejemplo, el caso de dos premios Nóbel de Física, W. Heisenberg y N. Bohr. Ambos solían navegar juntos en el Báltico, allá por los años 20 del siglo pasado, en el velero propiedad de Bohr. Es muy interesante leer las opiniones de estos navegantes, cuya vida profesional han dedicado a otras disciplinas. Quizás lo que mas me atrae, mas me gusta hacer, en el tiempo libre en una travesía es mirar la mar y las formas que el viento y el oleaje producen en la superficie. Esta visión hace aflorar, de una forma continua, los recuerdos e ideas.

A las 12.00 h estabamos en So (36º 07´,2 N, 028º 46´,1 E), no habiendo superado siquiera la mitad de la distancia a recorrer en el día. Tres cuartos de hora después avistábamos entre brumas la costa turca por la amura de babor. Y casi hora y media después hemos avistado en el horizonte el primer barco en esta singladura: un carguero con rumbo Oeste.

A las 14.00 h, la situación observada era So (36 07´,7 N, 029º 01´,4 E), teniendo viento fuerza 2 y marejadilla subiendo a marejada, del Oeste.

A las 18.20 h, casi 12 horas después de zarpar de Lindos, doblábamos el cabo Agios Stéfanos de sotavento, para entrar a las 18.40 h en la rada de la capital de la isla. Esta está situada a una milla aproximadamente de la costa turca, por lo que en ella se mantiene de forma permanente un contingente militar griego, incluyendo un buque de su armada.


Al fondo de la rada estaba el muelle en el que estaban amarrados varios veleros y alguna motora. Allí nos dirigimos, observando que el único sitio libre que había era el extremo de un pequeño embarcadero situado justo delante de una taberna. Ésta tenía desplegadas sus mesas en dicho embarcadero, por lo que el tabernero al ver que nos aproximábamos empezó a protestar airadamente nuestra maniobra. Nos gritaba y gesticulaba violentamente, haciéndonos saber que ese no era un sitio para amarrar el barco, ya que eso le obligaba a retirar algunas de las mesas de su taberna, a lo que no estaba dispuesto. A la vista de esa actitud, nosotros no continuamos con la maniobra de atraque en ese punto.


En ese mismo momento un catamarán, de bandera griega, que había intentado atracar en otro lugar del muelle - lugar que era mas amplio que el anterior -, desistió en su intento, haciéndonos gestos para que atracasemos nosotros allí. Y asi lo hicimos. Naturalmente frente a ese punto de amarre también había una taberna, cuyo tabernero estaba atento a los posibles barcos que arribasen al muelle. Por eso nos ayudó rapidamente con las amarras. Nada mas terminar con la maniobra, él mismo se encargó, por propia iniciativa - iniciativa que nosotros entendímos lógica, ya que nos había ayudado -, de reservarnos una mesa para la cena. Magnífica actitud comercial la de ese tabernero: no están los tiempos como para perder clientes, y menos si éstos entran directamente hasta "el comedor", hasta las mesas de la taberna.



Tras recoger a bordo, hemos saltado a tierra. Jaime y Fernando querían subir hasta la montaña próxima, que bordea esta población y cuya altura supera los 200 m sobre el nivel del mar, pero yo he preferido moverme por el puerto y las casas adyacentes. No quedaban muchas horas de luz, y yo prefería ver algo de este puerto y su entorno.


Las fachadas de las casas de Kastellorizon suelen tener un colorido muy vistoso, ya sea por la pintura de la propia fachada, o por el color de puertas y ventanas. Todo el frente, el waterfront, de esta población resulta por ello muy alegre. Muy atractivo.


También cuidan mucho las casas del interior, en la "segunda línea". Creo que en esta isla tienen muy clara la importancia del turismo para ellos y para la economía de la isla.


Como nos habíamos levantado muy temprano, también hemos cenado pronto. La taberna "Athina", frente a nuestro amarre, cocina el pescado y el marisco muy, muy bien. Pero el consejo - que nosotros no hemos seguido - es que se ha de negociar antes el precio de lo que se va a pedir. En términos relativos, respecto a los precios griegos, esta taberna resulta cara., no escandalosamente cara, pero sí algo cara.


Por la noche, sin brisa alguna, el calor resulta insoportable. Me he quedado descansando en la bañera hasta las dos de la madrugada, bajando después al camarote.


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