Después de desayunar, a las 08.15 hemos botado la zodiac para ir a la playa cercana, oculta detrás de una gran roca. Esa playa tiene dos partes claramente diferenciadas. La de levante es libre, estando muy cerca de donde amarran barcos pesqueros. La otra, la de poniente, está balizada mediante una línea de boyas,y pertenece a un recinto cerrado mas amplio, especie de micro-parque natural. Eso si, esta playa esta llena, llena de tumbonas y sombrillas. El acceso al recinto es previo pago, y las entradas se cogen bien en unas taquillas que hay en tierra, o bien en el pequeño embarcadero al que se llega en bote. En esta zona de ocio existe una laguna a la que hace muchos años se podía acceder libremente en barco, aunque no tenga mucho calado en la gran parte de ella. Sin embargo, hace 30 años se prohibio ese acceso a los barcos para evitar su contaminación.
Al aproximarnos al embarcadero con la zodiac, vimos como un hombre, encargado de la seguridad del recinto, corría por la playa hacia ese lugar. Enseguida, a voces, nos indicó que era una playa privada y que si amarrábamos alli teníamos que pagar por la entrada; pero, también nos dijo, que al lado, al Este, había otra playa de uso gratuito. Al no haber cogido dinero, viramos arrumbando a esa otra playa. Sin embargo, esta es una playa cuyo fondo aumenta rapidamente, y a solo uno o dos metros de la orilla cubre bastante. Dado el oleaje existente, no nos pareció seguro el desembarcar allí. Asi que volvimos al barco a coger dinero, es decir, euros ya que no tenemos liras turcas. Y a continuación hemos regresado al embarcadero, al que corriendo se dirigía, de nuevo, aquel hombre uniformado. Tras pagarle nosotros en euros, él nos dió las vueltas en liras.
La laguna - ödö deniz, o "mar muerto" - es bonita, y el entorno en el que está también. En su orilla Sur esta abarrotada de sombrillas, y tumbonas, con carteles prohibiendo tumbarse en cualquier sitio fuera de éstas. A su orilla Norte solo se accede desde los hoteles que allí hay.
En esta amplia ensenada se practican múltiples deportes náuticos. Desde las altas montañas de su orilla oriental salen continuamente parapentes, que cubren el cielo con sus velas de vistosos colores. Pero en el agua también hay lanchas fueraborda para la práctica de otros deportes. Fernando ha visto esta mañana una nueva tortuga nadando en esta ensenada
A las 09.10 h regresamos al barco, izando inmediatamente la zodiac. Fernando ha saltado al agua para quitar la linea a tierra, tras lo que se ha duchado a fondo, en el balcón de popa, para quitarse bien toda la porquería de encima. Eran las 09.25 h cuando hemos levado ancla, en busca de otra cala cercana, que fuera mas agradable que esta. Poco después hemos visto un banco de sardinas saltando fuera del agua.
Algunas de estas barquitas estaban pescando mientras que otras simplemente estaban esperando a que pasara el tiempo, y fuera un poco mas tarde. Son barcas que se aproximan a los barcos fondeados en las calas cercanas, a los que ofrecen pescado, fruta, verduras, pan, u otros productos, incluso textiles. En algún caso también ayudan a esos barcos en su maniobra de fondeo, incluso poniéndoles la linea a tierra.
En la cala en la que hemos fondeado - So (36º 33´,8 N, 029º 05´,4 E) - el agua es muy clara y limpia, por lo que nos decidimos a quedarnos en ella todo el día. Es una cala cerrada, rodeada por un acantilado muy frondoso. Lo primero que hemos hecho, tras anclar, ha sido tirar una linea a tierra para asegurar bien la posición del barco.
Al llegar nosotros a la cala, a las 10.30 h, estaban en ella un velero turco y un catamarán pequeño, de madera y diseño antiguo, con bandera neozelandesa. Éste catamaran está pasando unos días en la cala, mientras que el velero, tras comer y lavar la vajilla y los cacharros de cocina en una pequeñísima cueva al fondo de la cala, zarpó hacia su siguiente destino. Su lugar fue ocupado enseguida por una pequeña golondrina con turistas británicos, que tras bañarse una hora, aproximadamente, levaron ancla para continuar hacia otra cala.
Poco después arribó una gran goleta turca, que fondeo a nuestro lado, tirando a continuación una linea a tierra. En esa goleta, privada, estaban sirviendo en esos momentos la comida a los comensales, nueve en total, en una larga mesa situada en cubierta, protegida del sol mediante un toldo. Estos comensales eran de edad mayor, y mientras les servían la comida y el vino trataban algun asunto importante, sin que distinguiéramos ese tema de su conversación. lo que en cambio sí captamos bien eran los idiomas empleados por ellos: inglés y alemán. Mientras el primero de estos idiomas era empleado por el aparente armador del barco, el segundo lo empleaban algunos de sus invitados, sobre todo dos de las mujeres a bordo. Tras una larga sobremesa, cerca de las 17.00 h han levado ancla y zarpado.
En el pequeño catamarán anclado a nuestro babor sus dos tripulantes, un matrimonio de jubilados, disfrutaban su tiempo nadando o leyendo en cubierta protegidos por un toldo. Cada uno de ellos tenía su propio lugar allí sobre uno u otro de los flotadores. Nos dijeron que habían dejado el año anterior el barco en Grecia, y tras embarcarse de nuevo en él, ahora estaban pasando unas vacaciones en esta costa turca.
A eso de las 18.30 h cambió la escena en ese catamarán, pasando a una escena que resultó muy entrañable. De repente aparecieron ambos tripulantes en cubierta bien trajeados; y mas ella, que lucia un bonito vestido de flores y mucho colorido. Se sentaron en sus sillones, y se sirvieron una copa de trago largo, la cual tomaron con tranquilidad. Era una maravilla el ver como esas personas, que sin duda llevaban muchos años juntos, mantenían esa tradición. Esta era una ceremonía que repetían a diario, siendo indiferente donde se encontraran. Para ellos no hacía falta saltar a tierra para tomar la copa en una terraza o en un local cerrado, sino que bastaba estar ambos juntos a bordo de su pequeño barco. Estábamos seguros que eran personas que a lo largo de sus años de convivencia, ya habrían "hablado, entre sí, sobre todo lo posible". Y sin embargo, seguían disfrutando de ese tiempo especial, compartido en común, de charla en torno a una copa. Y todo ello elegantemente vestidos. Realmente maravilloso.
Nosotros pasamos la tarde bañándonos, y Fernando, después, subiendo por el acantilado hasta la cumbre. Antes de prepararnos para ir a cenar, nuestras duchas en el balcón de popa. A las 19.30 h hemos zarpado en la zodiac rumbo a la cala de poniente, para ir a la taberna. Esta no está a nivel del agua, sino en un alto, y algo escondida,. El camino que sube hasta ella del mismo parte del mismo embarcadero de la playa. Al llegar al final del camino nos encontramos con una empalizada a modo de puerta. Tuvimos que quitar, para divertimento de los comensales de las dos mesas próximas a dicha entrada, ambas germano parlantes, y una a una todos los troncos de madera de dicha empalizada. Nosotros, tras pasar el umbral de la "puerta" volvimos a colocar las maderas en su lugar, cosa que no hicieron otros clientes que llegaron al restaurante un rato después. Esta taberna, "Restaurante Sapisi Alma", consiste en una amplia terraza con una hermosa vista de la cala.
En la terraza había en total cinco mesas ocupadas, todas con tripulantes de veleros fondeados. En una mesa próxima a nosotros estaban cinco bávaros, y en otra un matrimonio austriaco. Nuestra cena consistió en comida turca, en concreto unos Shish kebab, que preparó en la barbacoa el propio tabernero, acompañados de un vino blanco de la región. El "servicio de sala" estaba a cargo de una joven asiática, aparente pareja del tabernero. Este nos dijo que él solía ir a Canarias a pescar atunes, estando encantado de sus buenas capturas. El restaurante, siempre en términos de precios locales, resultó algo caro, lo que nos explicamos por el tipo de clientela que tiene. La actura la pagamos en euros.
Después, volvimos al barco en la zodiac, siendo plena noche cerrada. La altura de las montañas que rodean a estas calas no dejaban pasar la luz de la Luna, ya en fase creciente muy avanzada.









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