La noche pasada ha sido terrible. Al no haber viento, a medianoche el barco volvió a cruzarse a la mar. La ola entrante, del Sur, era muy pequeña, pero generaba el movimiento oscilatorio del barco, el cual no ha parado en toda la noche. Por ello no hemos descansado mucho, ya que era imposible mantenerse quieto en la litera, con ese continuo movimiento de escoras cambiantes. El conciliar el sueño ha sido, esta noche pasada, tarea mas bien dificil. Este es un problema de las ensenadas o calas muy abiertas, en las que no se puede tirar una linea a tierra. Mientras hay brisa, el barco se aproa a ella y no hay problemas, pero si no hay viento alguno, el barco se cruza a la mar, y el resultado es el que hemos vivido en las pasadas horas.
Al salir temprano a cubierta, la decisión a tomar estaba clarísima: teníamos que zarpar lo antes posible de Ormos Eristou. El barco seguia con ese movimiento lateral constante, y no tenía sentido permanecer alli mas tiempo, ni siquiera para desayunar.
Eran las 07.15 h cuando hemos levado ancla, arrumbando el puerto de Livadhia, la población mas importante de esta isla. En dicho puerto hemos entrado dos horas después, amarrando en uno de los muelles, justo frente a la rampa para el ferry. En el puerto hemos llenado los depósitos de agua, y baldeado la cubierta, limpiándola a fondo.
Un hecho curioso es que en este puerto no hay gaviotas. Ni una. Pero lo que si hay son cuervos. Y muchos. Yo nunca había visto nada igual.
Antes de la hora de comer hemos cogido el autobus que une esta población con Agios Antonios - es decir, San Antonio -, población que esta al norte de la isla. Allí hemos comido en la terraza de una taberna que hay en su puerto, al borde del mar. Todas las mesas, incluyendo una larga mesa con los invitados a una boda, han estado ocupadas. En esa mesa de la boda estaban todos los invitados pero no los recien casados, que se habían quedado en un hotel cercano, mientras que sus invitados celebraban alegremente la boda.
Esta taberna es un negocio familiar, en el que trabajan todos sus miembros, incluyendo algún adolescente de corta edad; todos, salvo el padre/abuelo. Éste estaba controlando la marcha del negocio, y en un momento dado se ha sentado con nosotros a la mesa para charlar. Aunque no es una persona muy habladora, si nos ha contado cosas de su vida y negocio. Es un buen hombre. Para comer hemos pedido el plato recomendado: un asado de cabrito. Y este asado ha estado realmente delicioso.
El puerto de Agios Antonios esta recién terminado, siendo sobre todo un pequeño puerto de pescadores. Actualmente está bastante vacío, pero al ser un bonito lugar de recalada, seguro que en poco tiempo se llenará, al menos de barcos en tránsito. El calado que tiene es suficiente para veleros, incluso con orzas de 2 m o mas.
A las 16.40 h hemos cogido el autobus de regreso a Livadhia. La tarde la hemos pasado tranquilamente a bordo. Entre otras cosas, hemos estado viendo desde la misma bañera una sesión de photo-shooting. Esta ha tenido lugar en el espigón justo delante de nuestro amarre. Ha estado a cargo de tres fotógrafos y dos jóvenes, pero inexpertas, modelos, todos ellos rusos, que han arribado en un velero que portaba una banderola de un concurso fotográfico.
En el muelle hemos visto un cartel en el que se anunciaban cenas en un restaurante llamado Kastro. Al pensar que el Kastro era un castillo en la cumbre de la montaña que domina toda la isla hemos decidio ir a cenar allí, pues las vistas deben ser espectaculares. A las 19.00 h nos hemos dirigido a la parada del autobús que da servicio a dicho restaurante. En la parada nos han aclarado que en la cumbre de la montaña no hay ningún castillo visitable, y por tanto ningun restaurante. Anoche, desde Ormos Eristou se veía iluminado el camino de subida a la cumbre de esa montaña, imagen que se ve desde diversos lugares de la isla. Sin embargo, parece que no hay acceso a dicha cumbre, al menos para los turistas. Por tanto desistimos de ir a ese Kastro, situado en la falda de la montaña
Livadhia es una población mas bien pequeña, muy agradable, y llena de tabernas en la misma orilla del mar. Después de pasear por toda la orilla, nos hemos dirigido a una taberna, en cuya terraza había mucha gente, que ocupaban casi todas las mesas. Esto suele ser, con mucha frecuencia, un buen indicador de taberna con buena cocina, al menos a nivel local, y en términos comparativos con respecto a las otras tabernas del lugar. Por eso nosotros solemos guiarnos de este indicador para escoger el lugar donde comer o cenar. Hemos tomado pescado y kalamari, todo ello fresco y bien cocinado. Es decir, en su punto.
Después hemos ido a tomar unas copas a un bar en cuya terraza habíamos estado sentados por la tarde, y a cuyo jóven dueño no le importó que estuvieramos allí tranquilamente sin consumir nada. Por la tarde habíamos estado hablando un rato con él, diciéndonos que era un hincha del Panatinaikos, el equipo griego de baloncesto que se compenetra muy bien con el Real Madrid. A mi ya no me cabe duda alguna de que el Panatinaikos es un gran equipo.
A las 24.00 h en punto ha arribado el ferry, el gran ferry, que viene desde el Pireo. Entre el personal organizador del desembarco de coches, camiones y pasajeros que transportaba dicho ferry ha habido dos personas que nos han llamado la atención: una era el tabernero del restaurante donde habíamos cenado, y otra su hijo, que también trabaja en la taberna. Naturamente se habían cambiado las camisetas que llevaban en la taberna, luciendo ahora las de la naviera del ferry. Este es el pequeño pluriempleo que existe en estas islas, el cual les ayuda a mantener un cierto nivel de ingresos, sobre todo en invierno cuando la hosteleria no funciona.








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