Hoy nos hemos quedado en esta isla para poder arreglar el motor fueraborda de la zodiac. Tras localizar un técnico, éste ha recogido el motor poco después de las 10 h. A continuación hemos hecho un par de revisiones a bordo y nos hemos ido a dar una vuelta por Katápola y Minoa, un barrio de esta población.
Amorgós es una isla que pertenece a las Cícladas, no al Dodecaneso. Es la Cíclada mas oriental. En la época helenística tuvo hasta tres ciudades-estados - eso sí las tres compartían la misma moneda -, aunque parece que en aquella época esta isla no tuvo mucha importancia. Esto ya nos da una idea de lo que podía significar el concepto de "ciudad-estado". En siglos pasados sus habitantes tenían fama de ser activos piratas. En esta isla y sus aguas se han rodado películas como "Le Grand Bleu". Sin embargo, es una isla que está fuera de los circuitos turísticos, siendo visitada por no muchos turistas, habiendo solo hostales. La estética de sus edificios, de sus fachadas, es típicamente la de una isla cíclada.
Al bajar de Minoa, hemos visto el horario del autobús que sube a Chora, la poblaciòn en el alto de la colina, y que continua hasta una playa a pie de acantilado, teniendo una parada intermedia cerca del monasterio de la Virgen de la Presentación. Con esa información sobre ese autobús, al tener que esperar al técnico del motor, Jaime se ha ido a buscar provisiones, y yo a la otra parte de la bahía de Katápola, andando junto a la extensa playa. Esta no es - como suele suceder en estas islas griegas - de arena fina, sino de piedra pequeña, de guijarro. Y tampoco es una playa amplia, estando la orilla del mar muy cerca de la carretera. Al tener una zona reservada para los niños, entiendo que debe ser frecuentada por familias.
En esa parte de la bahía existe un pequeño puerto de pescadores, en el que hoy no había actividad debido al meltemi. El viento a esa hora de la mañana era de nuevo de fuerza 6, y eso en la propia bahía, que esta a sotavento. Junto a ese puertecillo existen algunas tabernas y hostales, configurando un entorno muy agradable.
Al regresar al puerto, a la altura de la playa me ha parado la furgoneta del técnico que ha reparado el motor, y me ha acercado al puerto. Era el carburador del fueraborda lo que estaba mal. Esto es algo normal después de un año sin estar en funcionamiento.
Al ir a coger el autobús, como hemos llegado un poco pronto - faltaban unos 15 minutos para su salida -, nos hemos puesto a hablar con el conductor que estaba sentado en la parada junto a otra persona, un hombre de mediana edad. Al decirle que eramos españoles, se lo ha comentado a su vecino, y éste ha empezado a hablar energícamente, y todo ello de forma muy rápida y en griego, que no hay quien lo entienda. Naturalmente gesticulando como buen mediterráneo. Esta claro que "en su casa" los españoles no somos bienvenidos. Ha sido la primera vez que nos hemos encontrado con esta actitud tan negativa hacia nosotros. Y la única, pues en general es todo lo contrario.
El autobús que hemos cogido para subir a Chora y el monasterio nos ha dejado cerca de éste a las 13.25 h, estando éste ya cerrado. La apertura por la tarde era a las 17.00 h, asi que nos hemos vuelto a Chora en el siguiente autobus que subía desde la playa, abajo del acantilado. La cuesta que hay que subir para llegar al monasterio es muy empinada, ya que está situado en pleno acantilado, en un paraje impresionante.
La idea era comer en Chora, y asi hemos hecho antes de continuar visitando esta población. En la primera taberna que nos ha gustado, nos hemos sentado en una mesa, y a pesar de que solo había otra mesa con comensales, el tiempo de espera al tabernero, del servicio a las mesas, etc., es muy lento. Tipicamente isleño, pues para esta gente el tiempo parece pasar muy despacio.
Hemos tomado meatballs, o sea albóndigas, de frutos de mar como entrante y ternera estofada - "veal stifado" - de plato principal, terminando con café. El vino, como siempre, "el de la casa", y medio kilo en total, que es la curiosa medida de volumen que utilizan en estas islas. Chora es un pueblo que debe tener mucha vida nocturna, pues hay bares que solo abren a partir de última hora de la tarde. Esto no es de extrañar dado el calor que hace aqui en el verano.
Como el camino de vuelta a Katápola es largo, y el calor demasiado intenso como para bajarlo andando, nos hemos tomado un nuevo café en la terraza que hay a la entrada al pueblo, junto a la parada del autobús a la espera de éste.
Cuando hemos llegado al puerto, el viento seguía siendo de fuerza 6, y la predicción para mañana es de fuerza 8. Por la noche hemos cenado fruta ya que la comida del mediodía ha sido muy copiosa. La idea es zarpar mañana temprano, rumbo sur que es el mas favorable con el meltemi.










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