Antes de zarpar de Kos queríamos visitar el Asclepion, situado a unos 4 km de la ciudad. Los golpes producidos por nuestro vecino, el barco alemán, al escorar a una y otra banda debido al movimiento del agua de la dársena por la entrada y salida de barcos, nos han despertado muy pronto. En su cubierta a estribor tenía amarrada una bicicleta plegable, y ésta ha estado dando golpes contra uno de nuestros candeleros. Hemos desayunado a bordo, ya que el buffet del hotel se abría mas tarde. Y a las 08.15 h hemos desembarcado, dirigiéndonos a la parada del autobús urbano número 3 que está cerca del puerto. Este autobus nos ha llevado hasta la entrada del Asclepion, donde está la taquilla. Después hay que seguir por un paseo arbolado, muy agradable a media mañana, hasta llegar a la explanada de la base.
A nosotros nos gusta visitar muy temprano los lugares arqueológicos, primero porque el calor es menor, y en segundo lugar porque todavía no suelen haber llegado los autobuses con turistas. Hoy ha atracado en el puerto un nuevo crucero, y por eso en unas horas este lugar se llenará de turistas.
Este Asclepion de Kos fue erigido en honor a Hipócrates, poco tiempo después de su muerte. En él se practicaba - como en otros Asclepion de la Grecia clásica - una medicina mas bien holística, con técnicas que hoy en día no son extrañas en los centros terapéuticos. Como todos estos grandes centros médicos, éste se construyó en las poximidades de manantiales de agua, ya que el agua era uno de los elementos de sanación empleados.
En la segunda terraza también existen algunos templos, aunque es en la terraza superior donde se situa el templo mas importante, el de Asclepios.
Las vistas desde este emplazamiento son impresionantes, divisándose claramente la costa turca, al otro lado del canal que separa la isla del continente.
Los italianos iniciaron, en la primera mitad del siglo pasado, las excavaciones de este importante lugar, avanzando mucho en su descubrimiento, aflorando distintas edificaciones. Por otro lado, en su tiempo, los caballeros del la Orden de San Juan de Jerusalén emplearon muchas de las piedras de dichas edificaciones para la construcción del castillo de la ciudad. Eran piedras ya talladas, ya trabajadas, y eso les facilitaba mucho la construcción de la fortaleza. Este hecho, junto a la obra destructora de algunos seismos que ha sufrido esta isla, ha producido que, actualmente, existan menos edificios en buen estado de los que debieran haberse conservado.
En tres cuartos de hora hemos completado el recorrido, dirigiéndonos a la salida del recinto, a la parada del autobús número 3 de las 09.30 h, el cual nos ha devuelto a la ciudad. En se momento ya llegaba el quinto autobús de turistas para visitar este recinto arqueológico. Al llegar cerca de la Casa Romana el conductor de nuestro autobús ha parado permitiéndo que Fernando y yo bajásemos, y asi poder visitarla Fernando. Jaime ha continuado, para terminar de completar el avituallamiento y preparar el barco para zarpar en cuanto llegásemos.
A las 11.20 h hemos largado amarras, iniciando la recuperación del ancla. Sin embargo, ésta no ha subido al estar enganchada en el fondo de la dársena. Esto suele suceder, y los patrones de los dos barcos que teníamos a nuestro babor y estribor han estado en sus cubiertas esperando a ver qué pasaba, por si tenían que actuar. Fernando se ha tirado al agua para ver qué pasaba, y ha visto que nuestro ancla estaba cogida, a unos siete metros de profundidad, por otra bastante mayor, abandonada en el fondo. El agua, como sucede en los puertos, estaba muy turbia y el fondo fangoso. Largando un poco de cadena, para que se pudiese librar el ancla, Fernando ha conseguido desenganchar nuestro ancla. Tras levarla, él se ha duchado en el balcón de popa para limpiarse toda la porquería que llevaba encima.
Al salir por la bocana hemos arrumbado Bodrum, pues hoy queríamos recalar en un fondeadero turco.
En el canal el viento era de componente Oeste, fuerza 6, por lo que hemos izado génova. A las 12.20 h, en S (36º 57´,3 N, 027º 21´,1 E) hemos virado, arrumbando el Cabo Iskandil, en Datca Yarimadasi, la península turca en cuya punta se encuentra Knidos, una antigua ciudad portuaria romana.
Eran las 14.15 h cuando hemos doblado el Cabo Krio, tras el que se encuentra Knidos, y a las 14.45 h fondeabamos en la dársena de dicho puerto.
La importancia de este puerto radicó en su posición estratégica en la ruta de los mercantes que navegaban hacia Halicarnaso, Éfeso y Estambul desde Egipto, Rodas, las costas turcas del Sur asi como todos los puertos del Mediterráneo oriental. Y los dos puertos que tenía Knidos eran un buen refugio cuando soplaba el meltemi. Los dos puertos, que poseía esta ciudad, estaban uno en la vertiente Norte y era para trirremes, y otro en el Sur para todo tipo de veleros. De esta forma los barcos podían refugiarse en ellos en esos días en los que los vientos del Norte dificultaban, o incluso impedían, su navegación, poniendo en peligro las mercancias que transportaban.
Fue una importante ciudad como muestra el hecho de haber tenido dos teatros. También fue famosa por su belleza la estatua de Afrodita que talló Praxiteles para esta ciudad. Se dice que fue la estatua mas bella de esa diosa que existió en la antigüedad. El devenir de esta bella estatua, que suscitó la envídia de otras ciudades griegas, se desconoce, pero un arqueólogo de la American School creyó haber encontrado su cabeza en los sótanos del British Museum. El museo no sabe como pudo llegar hasta su sede en Londres.
Al recalar en la dársena de un puerto turco, nosotros no podíamos amarrar en el espigón de su muelle ni bajar a tierra, ya que no habíamos hecho el despacho de entrada en Turquía. Es decir, podíamos fondear pero no tocar tierra. Para un día de estancia en aguas turcas, no compensaba toda la tramitación burocrática que los turcos exigen, además de que la hubieramos tenido que hacer previamente en un puerto de entrada, como Bodrum, perdiendo con ello varias horas.
Después de comer nos hemos bañado en sus transparentes aguas. Fernando ha nadado hasta la orilla, y andado por ella hasta la valla que rodea toda la excavación.
Muy cerca nuestro estaba fondeada una barca de pescadores, a la que se ha acercado, en una zodiac, el marinero de una gran goleta para comprarle pescado. Al anochecer el pescador se ha metido dentro de la caseta de la barca, para asi descansar y poder, estoy seguro, salir de madrugada a lanzar de nuevo sus anzuelos en el cercano cabo. A la hora de la cena, he contado 39 barcos en la dársena, 32 fondeados y 7 amarrados en el espigón. Por la noche el terral ha sido una brisa caliente.










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